“El nacionalismo es la cultura de los incultos”: Mario Vargas Llosa

 Como no he podido continuar con mi blog de comentarios de Rosita, he debido crear otro. Tenía un pequeño escrito que quería compartir. 

Esto lo escribí en febrero de 2017, pero creo que todavía está vigente.

Revisando unos cajones me encontré con un recorte de periódico del 16 de noviembre de 1986. Lo guardé porque comparto totalmente los planteamientos que expone Mario Vargas Llosa en ese artículoMe parece muy bien que los pueblos quieran mantener sus tradiciones, costumbres, sus raíces. Pero el caso es que no hay ninguna cultura única que no haya sido influenciada por otras a través delos siglos. Hemos absorbido costumbres, ideas, gastronomía, palabras de otros idiomas, etc. debido a la influencia de otras naciones, eso ha hecho que que las culturas locales se hayan enriquecido. No hay un solo idioma que no tenga raíces de otras lenguas debido a las infinitas invasiones que han habido a través de los siglos. Un ejemplo lo tenemos en España, 800 años de dominación árabe dejaron gran cantidad de palabras, costumbres, comidas, nombres. Además de los griegos y romanos, por citar sólo algunos.

Pero dejemos que sea Mario Vargas Llosa quien lo explique mejor que yo porque somos “ciudadanos del mundo”. Solo un par de párrafos ya que el artículo es largo, pero creo que este extracto es lo suficiente claro de lo que significa el nacionalismo.

“ Cuenta el historiador chileno Claudio Veliz que a la llegada de los españoles, los indios mapuches tenían un sistema de creencias que ignoraban los conceptos de envejecimiento y de muerte natural. Para ellos el hombre era joven e inmortal. La decadencia física y la muerte solo podían ser obra de la magia, las malas artes o las armas de los adversarios. Esta convicción sencilla y cómoda, ayudó sin duda a los mapuches a ser los feroces guerreros que fueron. No los ayudó, en cambio, a forjar una civilización original.

La actitud de los viejos mapuches está lejos de ser un caso extravagante. En realidad se trata de un extendido fenómeno. Atribuir la causa de nuestros infortunios o defectos a los demás, al otro, en un recurso que ha permitido a innumerables sociedades e individuos, sino a librarse de los males, por lo menos soportarlos y a vivir con la conciencia tranquila. Enmascarada detrás de sutiles razonamientos, oculta bajo frondosas retóricas, esa actitud es la raíz, el fundamento secreto de una remota aberración a la que el siglo XIX volvió respetable: el nacionalismo. Dos guerras mundiales y la perspectiva de una tercera y última que acabaría con la humanidad, no nos ha librado de él, sino más bien parece haberlo robustecido.”

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